Fentanilo y su peligrosa expansión ilegal en el Perú –
El coordinador de Salud Mental del Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (Cedro),
El coordinador de Salud Mental del Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (Cedro), Milton Rojas, exhortó a tomar acción para prevenir escenarios de mayor gravedad por la evidencia de desvío de fentanilo desde medios hospitalarios hacia mercados clandestinos así como su venta ilegal.
«El fentanilo es un potente fármaco opiáceo sintético aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos para uso como analgésico (alivio del dolor) y anestésico. Es aproximadamente 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más potente que la heroína como analgésico», explica la DEA en su página web.
Al presentar resultados de un estudio elaborado por Cedro, con el apoyo de la Oficina de Asuntos Antinarcóticos y Aplicación de la Ley (INL) de Estados Unidos, Rojas Valero comentó que el Perú “está a tiempo de evitar una crisis mayor” con el fentanilo, aunque la ventana de acción es limitada.
Por ahora, “no se trata de un fenómeno extendido –aclaró–, pero su peligrosidad supera la de otras sustancias, pues incluso dosis mínimas (de fentanilo) pueden resultar letales, especialmente en contextos de adulteración o de consumo inadvertido”.
La investigación de Cedro busca responder una pregunta clave: ¿hay en el Perú condiciones para la expansión y el desvío de este opioide sintético? “La experiencia internacional muestra que la expansión del fentanilo puede acelerarse rápidamente cuando encuentra mercados ya estructurados”.
El informe concluye que el riesgo no radica únicamente en la presencia incipiente de fentanilo, sino en el entorno que comienza a configurarse a su alrededor. Un mercado ilegal cada vez más flexible, diversificado y sofisticado podría facilitar su rápida propagación, alerta Milton Rojas.
El reporte de Cedro señala que este escenario emergente no surge en el vacío. “La expansión de la ketamina en el mercado ilegal cumple un papel clave al establecer las bases logísticas y comerciales que podrían ser aprovechadas por el fentanilo”, explica la institución.
Aunque la ketamina es un medicamento legal, su desvío desde circuitos médicos y veterinarios genera una oferta creciente en el mercado ilícito. La evidencia es clara: la mayoría de las incautaciones corresponde a envases originales, lo que revela filtraciones en la cadena de distribución formal.
Desde 2024, los decomisos aumentaron en forma sostenida. Un operativo en 2025 permitió incautar más de 2,500 frascos en Tacna, presuntamente destinados a Chile, confirmando la consolidación de rutas como el corredor Lima-Tacna-Chile y la participación de redes criminales transnacionales.
No obstante, el impacto de la ketamina va más allá de su volumen. Su presencia en el “tusi” o “cocaína rosada” –mezcla de composición variable que puede incluir cocaína, medicamentos y otras sustancias– ha instalado una dinámica de consumo marcada por la incertidumbre química.
“En estos contextos, los usuarios desconocen qué están consumiendo realmente”, observa el coordinador de Cedro.
Rojas, explica que esa lógica –mezclas impredecibles, adulteración y cadenas de distribución flexibles– eleva el riesgo frente al fentanilo. Estas condiciones podrían facilitar su ingreso sin que los consumidores lo adviertan, replicando patrones observados en otros países.
A diferencia de la ketamina, el fentanilo tiene un margen de seguridad extremadamente bajo. Su posible incorporación en mercados como el del “tusi” multiplicaría el riesgo de sobredosis, al combinar alta potencia con falta de control sobre la composición de las sustancias.
En ese sentido, la ketamina no solo representa un problema sanitario en sí misma, sino que “está configurando un ecosistema que podría permitir la expansión silenciosa del fentanilo”.
Según el informe de Cedro, el Perú aún está a tiempo de evitar una crisis mayor con el fentanilo, pero advierte que la ventana de acción es limitada.
Las recomendaciones apuntan a fortalecer la trazabilidad de medicamentos, cerrar brechas en los sistemas de control y reforzar las estrategias de prevención, especialmente en entornos de consumo asociados a drogas sintéticas.




